3.3.05

Bob Dylan. Crónicas. Volumen I

Bob Dylan es Dios. Eso parecía pensar media América cuando al estallar la revolución hippie a mediados de los años 60 lo nombraron, “el Gran Buda de la Revuelta, El Sumo Sacerdote de la Protesta, Zar de la Disidencia, Duque de la Desobediencia, Líder de los Gorrones, Káiser de la Apostatía, Arzobispo de la Anarquía, el Pez Gordo”, pero, Dylan no parecía estar por la labor, y el movimiento que él mismo había impulsado y que lo había catapultado a lo más alto no tenía interés para él. Y no sólo eso: “La contracultura, fuera lo que fuese, ya me tenía harto”, dice. Y es que ser el supuesto profeta de una generación ha de ser un peso demasiado grande para cualquiera. “…Yo no dejaba de repetir que no era el portavoz de nada ni de nadie, sólo un músico…”, explica. “Poco después, aparecía un artículo con el titular: PORTAVOZ NIEGA SU CONDICIÓN DE PORTAVOZ.”
Así nos explica Dylan en su reciente autobiografía (Bob Dylan. Crónicas. Volumen I) cómo era su vida en aquella época de finales de los 60, cuando tuvo que desaparecer, harto de estar en el punto de mira de medio mundo.

[+...]
“Una vez, en medio de aquella insania estival, iba en coche con Robbie Robertson, el guitarrista del grupo que más tarde sería conocido como The Band. Yo me sentía como si habitara en otro rincón del Sistema Solar.
-¿Hacia dónde crees que lo vas a llevar? –me soltó Robbie de repente.
-¿Llevar qué? –pregunté.
-Ya sabes, el panorama musical.
¡El panorama musical! La ventanilla estaba ligeramente abierta; la bajé del todo para el resto del trayecto y dejé que el viento racheado me soplara en la cara, esperando a que pasara el efecto de sus palabras. Era como una conspiración: ningún sitio estaba lo bastante lejos como para poder huir.”

Su hogar se convirtió en un centro de peregrinación constante de los jóvenes que buscaban respuestas, o a su ídolo, y esto desestabilizó por completo su vida y la de su familia. “Hatajos de gorrones peregrinaban desde California. Tontos del culo irrumpían en mi casa a todas horas de la noche. Al principio, se trataba de nómadas sin techo que entraban ilegalmente. Se me antojaban más bien inofensivos, pero luego empezaron a llegar radicales sin escrúpulos en busca del Príncipe de la Protesta: personajes de aspecto sospechoso, tipas que semejaban gárgolas, espantajos y vagabundos con ganas de fiesta que saqueaban la despensa.”

El artista, desde luego, tal y como nos cuenta, fue víctima de la propia fama del personaje que había creado. La graciosa frase que años atrás había pronunciado en un concierto se volvía tétrica: “Ahora me pondré la máscara de Bob Dylan y cantaré canciones.” Ahora la máscara era él: Robert Zimmerman (su verdadero nombre) no existía, sólo quedaba Bob Dylan. Eso explica mucho de lo que pasaría después: su desaparición del panorama musical tras haber sido considerado el dios de la música, sus bruscos cambios de estilo y sus actitudes excéntricas, sus sorprendentes fases, sus radicales cambios. Puede que nada de esto constituya tampoco la verdad, sólo parte de la enorme leyenda que envuelve a la mayor figura viva de la música popular estadounidense, pero así lo explica él, y esta vez parece cierto. Simple y llanamente trató de deshacerse de su público, confundirlo, hacer que dejaran de creer en él:
“Empecé por realizar acciones pequeñas, limitadas al ámbito local, básicamente de orden táctico. Cosas inesperadas como derramar una botella whisky sobre mi cabeza y entrar en una tienda con andares de borracho, sabedor de que todos se pondrían a hablar en cuanto saliera. Esperaba que los rumores se difundieran. Lo que me importaba era que dejaran respirar a mi familia. Por mí, el mundo espectral al completo podía irse al infierno. Tendría que presentar una imagen exterior algo más confusa, un poco más monótona. Resulta difícil vivir así. Te agota. Lo primero de que debes desprenderte es de cualquier forma de expresión artística propia por la que sientas un gran apego. En comparación con la vida, el arte carece de importancia, así que no tienes elección.”
El asunto es de verdad muy fuerte: se va a vivir a un pequeño pueblo (Woodstock) en busca de tranquilidad, y la multitud lo sigue hasta allí, y finalmente acaban montando el festival más famoso de todos los tiempos esperando que participe. Mientras, él se pira a Nashville a grabar canciones country. Verlo para creerlo. La obra de Dylan, verdaderamente, es poderosa: muchos dicen haber sentido algo parecido a una iluminación al escucharla: trastoca la conciencia y, a su paso, nada vuelve a ser igual. En parte influyen esas letras alucinógenas, la fuerza de su mensaje, lo insólito de sus versos. Pero en las páginas de esta autobiografía no hay nada de eso: el autor habla de lo que le da la gana, como siempre. No podía ser de otra manera.
Un placer, Bob.

Comentarios: 6

Anonymous THIBOR:

A veces te pierdes entre la gente y en ese momento te sientes realmente solo, te maldices a ti mismo por ser un estupido que no aprendió a llorar, buscas en ti algo especial, un leve rastro de grandeza para de alguna forma justificar tus latidos, te vistes de negro para que ni la luz te cale, por que sabes que tienes aluminosis en el corazón, hay días en que mi mirada resbala, mi tacto es suave y noto ásperos los dientes, salto como el mas estupido de los conejos buscando miradas que no son para mi, negociando besos ajenos, inventando abrazos que no supe ganarme, si alguien busca una vida de saldo que me pregunte

3/05/2005 05:48:00 a. m.  
Anonymous Susana:

A mí me fascina también, la música de Bob Dylan, sobre todo los discos Blonde on Blonde y Blood on the Tracks. Me alegra haber leido este post, porque no sabía nada de la existencia de este libro. Muy interesante. SALUDOS, J!

3/06/2005 11:26:00 a. m.  
Blogger J.Álvarez:

"El tiempo pasa lentamente cuando estás perdido en un sueño. No hay razón para subir, no hay razón para bajar, no hay razón para ir a ninguna parte. Como la rosa roja del verano que florece un día, el tiempo pasa lentamente y se desvanece."
De la canción TIMES PASSES SLOWLY, de Bob Dylan.

3/06/2005 02:16:00 p. m.  
Blogger J.Álvarez:

Leo un artículo de Juan Puchades en la revista EFE EME del mes de marzo (y estoy totalmente de acuerdo): "No es Crónicas el libro ideal para neófitos dylanianos, quienes quieran aproximarse por vez primera a él, lo más recomendable es que primera se hagan con alguna buena biografía para establecer datos básicos y situarse en el tiempo, el espacio y los discos Luego, que se adentren en Crónicas: la inmersión en su lectura y revelaciones será mucho más placentera, gozosa y comprensible."

3/17/2005 07:46:00 p. m.  
Blogger J.Álvarez:

Ya me he leído el libro BOB DYLAN, UNA INTRODUCCIÓN, de Darío Vico, que viene con la revista EFE EME de este mes de marzo. Es un librito muy rápido de leer de unas 90 páginas que cuenta la historia de Dylan. Es una iniciación perfecta para los que se atrevan a adentrarse en la inmensa obra del músico, o en su reciente autobiografía, imposible de entender sin referentes anteriores como por ejemplo éste.

3/22/2005 08:07:00 p. m.  
Anonymous Juan Palomo:

Y se me okurre a mi, no sé, x kasualidad no sería bueno tb leer algo de Dylan Thomas?

12/16/2005 11:01:00 p. m.  

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