8.3.05

Experiencias psicotrópicas

Hace poco leía un artículo de Rosa Montero, publicado en El País, acerca de unas extrañas visiones que atribulan los sueños de muchas personas. Se trata de pesadillas geométricas en las que el durmiente se siente asfixiado, inmerso en un mundo ajeno e ilógico plagado de formas desconcertantes. “…Unos sueños sin argumento, simples bailes tridimensionales de figuras poliédricas, de pirámides y triángulos superpuestos, de prismas y rectángulos girando lentamente en mi cabeza”, dice la autora del texto. “…Para mí fueron unos sueños terribles en los que me sentía atrapada…”, añade.
Rosa, que dice haber padecido estas extrañas visiones en su infancia, explica como años después leyó que se había descubierto que las fiebres elevadas, sobre todo en los niños, producen este tipo de alucinaciones oníricas. No sólo eso; dice que con el paso del tiempo también encontró muchas otras personas que decían haber tenido esos mismos sueños horribles y opresores.
Cuando leí esto, inmediatamente pensé en H.P.Lovecraft. Estas visiones geométricas formaban parte de su iconografía como ocupantes de un espacio en el que habita un terror primigenio, en estado puro. Cuando lees sus descripciones de esas enormes figuras geométricas, como pasa a veces con parte de su obra, piensas en un principio: pues no parece tan terrorífico, aunque lo presuponga como algo tan abominable y pavoroso. Pero hay veces en las que lo consigue, y Lovecraft nos sumerge en uno de esos universos suyos, alucinados y espantosos, en que nos sentimos encerrados. Es como si leyéramos más y más cuentos para volver a ese encierro, que además siempre termina mal: no existe la liberación. Lovecraft, como digo, recurre a esas pesadillas geométricas de las que hablaba el artículo de Rosa Montero, y es muy posible que él mismo hubiese experimentado esas insólitas visiones.
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Esa fobia obsesiva hacia esas formas geométricas se hace patente en El ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, y especialmente en la mejor de ellas, la elevada y compleja historia titulada A través de las puertas de la llave de plata, una de las cumbres narrativas del escritor de Providence. En ella leemos constantemente cosas del tipo: “Resulta difícil explicar lo que sucedió entonces. Fue una sucesión de paradojas, de contradicciones, de anomalías que no tienen cabida en la vida vigil, pero que llenan nuestros sueños más fantásticos, donde se aceptan como cosa corriente, hasta que regresamos a nuestro mundo objetivo, estrecho, rígido, encorsetado por los principios de una lógica tridimensional.” O, más adelante: “Se originó un torbellino aterrador, se oscureció la luz del día y sintió un dolor punzante e intolerable. El cosmos pareció tambalearse como gobernado por un dios loco, y en la negrura del firmamento danzaron constelaciones nuevas. Inmediatamente, Carter sintió un nuevo equilibrio. El frío de los abismos interestelares corroía el exterior de su envoltura, y pudo observar desde su interior que flotaba libremente en el espacio.”
Si algo tiene Lovecraft es que el sufrimiento al que es capaz de someter a sus personajes (y con ellos a los lectores suficientemente émpaticos o asustadizos), no tiene límites de ningún tipo. Si, como he dicho antes, entrar en su lectura es como penetrar en una celda de la que sabemos que no saldremos vivos y cuerdos, dentro de esa celda las torturas podrán ser de todo tipo. Habrá tormentos para el cuerpo, pero también para la mente, al viajar por esas realidades paralelas repletas de engendros despiadados. Para quien quiera averiguar qué es el terror cósmico: he ahí unas 40 páginas de viaje alucinógeno servidas por Alianza Editorial.
Alan Moore, el gran demiurgo del mundo del comic moderno, guionista de From Hell, Watchmen, The League of Extraordinary Gentlemen, Tom Strong, V de Vendetta o Promethea, entre otros títulos, le debe mucho a Lovecraft, y ya le ha rendido más de un homenaje. The Courtyard es una prueba de ello, además de una absoluta genialidad que demuestra hasta donde puede llegar el poder de expresión de un comic. En The League of Extraordinary Gentlemen, otra maravilla del arte en viñetas (nada que ver con la adaptación cinematográfica), aparecen no sólo el terrorífico plano con esas formas geométricas antes mencionadas, sino el mismísimo héroe onírico Randolph Carter. Randolph Carter es un personaje que me gusta mucho: es un hombre joven, que demuestra pocas de las cualidades típicas de un héroe convencional. No es especialmente fuerte ni valiente, pero es ante todo una persona curiosa, y un soñador. Una de estas noches puede que se le vea, medio oculto en la sombra del anochecer, abriendo tímidamente con la llave de plata una puerta metafísica que conduce al exterior del Bastión de los Sueños... Creo que lo he soñado, sí. Aunque no sé: hace unas dos semanas tuve unas fiebres altísimas y desde entonces presiento que no soy el mismo.

No sé… yo también me siento extraño, y me parece recordar unas formas gigantescas que sugerían la existencia de una nueva dimensión, más vasta y enigmática que cualquiera de las otras conocidas. ¿Dónde se oculta…?

Comentarios: 3

Blogger J.Álvarez:

No m hagais ni caso... m acuesto demasiado tarde, me paso el día entre cervezas, como muy poco, y cada vez estoy peor de la cabeza. :)

3/08/2005 02:34:00 a. m.  
Anonymous Anónimo:

Hay algunos que rozán la linea que separa este mundo de otro no tan lejano y repleto de figuras tal vez a las que el señor Lovecraft haya hecho mencion en alguna de sus obras, algunos nos pasamos por el frenopatico donde se pasan a hablar de vivencias extrañas asocidas, o mejor dicho, disaciozadas a un mundo real.

Post Scriptum: la cerveza no es mala: ¡¡¡ alimenta !!!

3/27/2005 01:44:00 p. m.  
Anonymous Juan Palomo:

A mi la cerveza me kuró una anemia, no sé si fué por el ácido fóliko, supongo ke si.

12/16/2005 10:23:00 p. m.  

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