16.3.05

Reencuentro con Max Aub

Leyendo el otro día un blog amigo (encuentros fortuitos), disfruté recordando a un autor entrañable e influyente, con una gran obra a redescubrir: Max Aub.

Max Aub (1903-1972) fue un dramaturgo, narrador, poeta y ensayista español, perteneciente a la Generación del 27, de vida y obra muy intensas. Nació en Francia, hijo de padre alemán y madre francesa, y encontrándose en España en 1939, hubo de volver a Francia por ser del bando republicano. Fue internado allí en un campo de concentración, y después deportado a Argelia, de donde consiguió escapar en 1942 trasladándose a México, donde su obra literaria tuvo una importancia trascendental, y donde moriría en 1972.

Es autor de Los poemas cotidianos (1930), Teatro incompleto (1930), Espejo de avaricia (1935), La gallina ciega, diario español (1971), las serie de novelas de El laberinto mágico (Campo cerrado, 1943; Campo de sangre, 1945; Campo abierto, 1951; Campo del moro, 1963; Campo francés, 1965; y Campo de los almendros, 1968), y de Juego de cartas (1964), un interesante experimento que consta de 108 naipes que trazan la historia de su protagonista, Máximo Ballesteros. Por su estructura abierta y fragmentaria, este Juego de cartas se considera el precedente de El castillo de los destinos cruzados, que Italo Calvino escribió en 1973.

La obra de Max Aub va desde el realismo social a lo postmoderno y la experimentación, y es imposible, claro, abarcar su obra en unas pocas líneas. Ahí van unos mínimos fragmentos memorables:

"En aquel tiempo los chinos creían que los peces eran almas fugadas. Inmóviles, los miraban hora tras hora. Y si un pez atravesaba su imagen reflejada tenían el convencimiento de que aquel animal era parte de su propio ser."

“Me quemó, duro, con su cigarrillo. Yo no digo que lo hiciera con mala intención. Pero el dolor es el mismo. Me quemó, me dolió, me cegué, lo maté. No tuve -yo, tampoco- intención de hacerlo. Pero tenía aquella botella en la mano.”

“Siento no estar con vosotros.
Mas creedme si os aseguro que lo estoy de corazón.”

Comentarios: 1

Anonymous Anónimo:

"Creo en ti, alma mía, pero el otro que yo soy no ha de humillarse ante ti, y tú no debes humillarte ante él, túmbate conmigo en la hierba, deja en paz tu garganta, no preciso palabras, ni músicas, ni versos, ni costumbres, ni frases, aunque sean las mejores. Sólo tu arrullo quiero, tu susurro y tu voz confidente."
Walt Whitman

3/22/2005 05:01:00 p. m.  

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